
En la HAP, la elevada presión de la sangre en las arterias pulmonares daña los pulmones y el corazón. Si no se trata, la HAP pone en peligro la vida en poco tiempo. Aunque aún no tiene cura, existen tratamientos nuevos que han mejorado significativamente el pronóstico.
Las arterias pulmonares transportan la sangre desde el lado derecho del corazón hasta los pulmones. En los pulmones, la sangre recoge oxígeno para llevarlo al resto del cuerpo. Al igual que la tensión arterial alta en el resto del cuerpo daña los vasos sanguíneos y los órganos, la tensión alta de la HAP daña las arterias pulmonares y los tejidos del corazón y los pulmones.
Existen dos tipos fundamentales de HAP. La HAP secundaria tiene su origen en otras enfermedades. La HAP idiopática (HAPI), es una forma poco frecuente de HAP que ocurre por sí misma.
Los síntomas de HAP incluyen disnea de mínimo esfuerzo, cansancio, dolor torácico, mareos, desvanecimiento, hinchazón de los tobillos, los pies y las piernas y pulso acelerado. Si tiene alguno de estos síntomas, consulte con un profesional sanitario inmediatamente para obtener un diagnóstico preciso y un tratamiento para mitigar sus síntomas.